Granada
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Un guía de viajes tan poco sospechosa de adular los destinos de los que habla como Rough Guide dice, literalmente, en su libro sobre España: “Si el viajero sólo pudiera ver una ciudad de toda España, debería ser Granada”.
Un guía de viajes tan poco sospechosa de adular los destinos de los que habla como Rough Guide dice, literalmente, en su libro sobre España: “Si el viajero sólo pudiera ver una ciudad de toda España, debería ser Granada”. Esta frase, por sí sola, demuestra cómo la ciudad en la que la dinastía nazarí reflejó toda su espiritualidad y arrojó todos sus lujos es, más de seis siglos después de la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos, un imán para los viajeros de todo el mundo.
Lo que atrae turistas a Granada es el grupo de tres edificios que se levanta en la montaña de la Alhambra, el Palacio Real, los jardines del palacio del Generalife y la Alcazaba.
La mejor vista del conjunto se obtiene desde el mirador de San Nicolás, en el barrio del Albayzín. Pero sólo al atardecer, cuando los rayos más cálidos del sol se reflejan en las paredes del conjunto y les hacen sacar los colores, se entiende por qué los sultanes nazaríes llamaron Al Qal’a al-Hamra (el castillo rojo) a su obra más refinada y personal en Al-Andalus.
El Albayzín y Sacromonte son los barrios con más personalidad de Granada. El primero es el mayor barrio árabe y el más genuino de los que se conservan en España. El Sacromonte es un barrio fundamentalmente gitano asentado en las cuevas abiertas en la montaña, cuna de algunos de los mejores guitarristas, cantaores y bailaores de flamenco de España, que viven de organizar zambras para los turistas.
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